CUANDO EDUCAR TAMBIÉN ES CONSTRUIR BARRIO
El pasado
29 de mayo, en la Capilla de la Medalla Milagrosa, nuestra comunidad se reunió
para una de esas ceremonias que trascienden el reconocimiento formal y se
convierten en un ejercicio de memoria colectiva. En el marco de la actividad Vecino
Destacado 2025-2026, organizada por nuestro Proyecto Zona Típica Población
Vivaceta Norte & Sur, rendimos homenaje a las hermanas Carmen y Mercedes,
dos mujeres cuya vida estuvo profundamente ligada al servicio, la educación y
la construcción de comunidad.
La jornada
contó con la participación del grupo folclórico Rayén Pehuén y reunió a
vecinos, ex alumnos, apoderados, amigos y familias que quisieron agradecer una
trayectoria que, más que una suma de acciones individuales, representa una
forma de entender la vida en comunidad.
Lo que
escuchamos esa tarde fue mucho más que una serie de discursos. Fue la
reconstrucción de una historia compartida.
Jaime Toro,
ex presidente del Centro de Padres y Apoderados del Colegio Juan Pablo I,
recordó el espíritu comunitario que caracterizó al proyecto educativo impulsado
por las hermanas Carmen y Mercedes. Evocó una época en que la escuela no era
sólo un lugar de enseñanza, sino también un espacio de encuentro, servicio y
formación humana. Recordó las actividades realizadas junto a profesores,
familias y apoderados, así como las experiencias que fortalecieron los lazos
entre quienes formaban parte de aquella comunidad educativa. Para él, el paso
por el Colegio Juan Pablo I dejó una huella imborrable en la vida de muchas
familias del barrio.
Las
palabras de Margarita Vargas aportaron una mirada distinta y profundamente
entrañable. No habló desde el rol institucional ni desde la experiencia
escolar, sino desde la amistad. Vecina de toda la vida, recordó a Carmen como
una mujer alegre, generosa y siempre dispuesta a ayudar. Destacó su trabajo
silencioso, muchas veces invisible, pero fundamental para el bienestar de
quienes la rodeaban. Recordó también la misión educativa desarrollada junto a
su hermana Mercedes en la calle Francia, donde formaron generaciones de niños y
niñas en valores, cariño y compromiso con el barrio. Su intervención fue,
además, un sentido homenaje póstumo a Carmen, fallecida pocas semanas antes, y
una invitación a valorar esas formas cotidianas de servicio que sostienen la
vida comunitaria.
Por su
parte, Paula Torres entregó el testimonio de una ex alumna. Sus palabras
permitieron comprender el impacto concreto que tuvo el Colegio Juan Pablo I en
la vida de quienes pasaron por sus aulas. Más que una escuela, describió un
espacio que protegió la infancia de cientos de niños, donde cada estudiante era
reconocido en su singularidad y donde los valores, la sensibilidad social y el
cuidado de los demás formaban parte esencial del aprendizaje. Desde su
experiencia profesional posterior en la defensa de los derechos de la niñez,
Paula formuló una reflexión tan sencilla como poderosa: todos los niños
deberían tener educadoras como las tías Carmen y Mercedes.
Escuchando
estas intervenciones, resulta inevitable advertir que el homenaje trasciende a
dos personas. Lo que se reconoce es una manera de habitar el barrio. Una forma
de entender la educación como una tarea comunitaria y el compromiso social como
una responsabilidad compartida.
En tiempos
en que muchas ciudades experimentan profundas transformaciones urbanas y donde
los vínculos vecinales parecen debilitarse, historias como la de Carmen y
Mercedes nos recuerdan que el patrimonio más importante de un barrio no siempre
está en sus edificios, plazas o monumentos. También vive en las personas que
dedican su vida a fortalecer los lazos entre vecinos, a transmitir valores y a
construir comunidad desde la cercanía cotidiana.
Desde
nuestra experiencia en Vivaceta Norte & Sur hemos aprendido que la memoria
barrial no se compone únicamente de grandes acontecimientos. También se
construye a partir de trayectorias personales que, con el paso de los años,
terminan formando parte de la identidad colectiva. Son esas historias las que
explican por qué un barrio es mucho más que un conjunto de calles y viviendas.
Al
distinguir a Carmen y Mercedes como Vecinas Destacadas 2026, nuestra comunidad
no sólo agradeció una vida de servicio. También reafirmó una convicción que ha
acompañado nuestro trabajo patrimonial durante estos años: que la verdadera
riqueza de un barrio reside en las personas que lo hacen posible.
Y entre
esas personas, las hermanas Carmen y Mercedes ocupan ya un lugar permanente en
la memoria viva de Vivaceta Norte & Sur.
Algunos registros del evento
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Estimados vecinos y vecinas, hagamos de estas notas una construcción colectiva. Si puedes aportar datos e información que mejore lo escrito, será bienvenida. Gracias por ayudarnos a mejorar.
ResponderEliminarQuiero sumarme a este homenaje tan merecido a la tía Carmen y Mercedes, la tía Carmen especialmente fue quien nos recibió a nosotros como familia con nuestras niñas, cuando retornamos al pais,siempre con palabras cálidas y haciendo ambas que nos sintieramos bien
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