EL CASO DE LA POBLACIÓN VIVACETA NORTE SUR.
LA AGRESIÓN INMOBILIARIA 
Columna de opinión publicada en Le Monde Diplomatique, del escritor José Leandro Urbina Soto.
El 10 de junio del 2019, buscando la declaratoria de Zona
Típica de parte del Consejo de Monumentos Nacionales, la población Vivaceta
Norte Sur, de la comuna de Independencia, creó la organización de vecinos “Zona
Típica Población Vivaceta Norte Sur”. Esta organización trabaja bajo la
dirección del académico de la Usach, Adrián Torres Canales, para hacer realidad
esta aspiración.
La búsqueda de la
declaratoria, en este caso, cumple con dos objetivos: primero, expresa el
auténtico cariño de los actuales habitantes por esta población, su sentido de
identidad y el reconocimiento de que la población es un caso muy singular de
diseño urbano que privilegia el bienestar de sus ocupantes.
Nacido como grupo
de viviendas para trabajadores, fue un proyecto de la caja de la habitación
popular con patrones de construcción traídos de Europa y dentro del trazado que
Karl Brunner propuso para el crecimiento de la ciudad. Brunner, un arquitecto y
urbanista austriaco, había sido contratado por el gobierno de Chile en 1929. La
población fue construida a fines de los años 30 y entregada en 1940 del siglo
XX, bajo el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda. La obra fue un ejemplo de
construcción digna que revelaba la promesa de confort para la clase trabajadora
y que los actuales residentes han heredado y mantenido.
Brunner postulaba
que: “El urbanismo moderno pretende obtener efectos de unidad estética en el
total de los barrios, lo que solo se puede obtener con la reglamentación de la
calidad e intensidad de la edificación y su destino” Y esa idea está todavía
presente en Vivaceta Norte Sur.
El segundo
objetivo fue una medida defensiva. Con la llegada de la empresa Inmobilia Chile
y su proyecto de construcción de megatorres, la unidad arquitectónica y
conceptual de la población se vio fracturada, a pesar del esfuerzo de los
vecinos por detener el proyecto o al menos hacerlo cumplir con el nuevo plan
regulador. En el caso de Vivaceta Norte Sur, los permisos se aprobaron antes de
que saliera el plan regulador comunal del alcalde Gonzalo Durán en marzo de
2014. En este, se estableció que la altura máxima de edificación fueran 30
metros y un estacionamiento por departamento; el plan anterior consideraba
altura ilimitada y un estacionamiento por cada cinco departamentos.
A pesar del
congelamiento de los permisos de edificación por un año, al final se
construyeron edificios con el plan antiguo, aun cuando el nuevo plan ya estaba
aprobado, entre ellos el edificio Vértice.
En el día a día,
los vecinos podían presenciar como el edificio crecía sin posibilidades de
frenarlo. Inmobilia ganó. Construyó un gueto vertical indeseable en la avenida
Fermín Vivaceta frente al ex Teatro Libertad. Las megatorres de 26 pisos
construidas en 3500 m2 hoy poseen un total de 695 departamentos y ofrecen a sus
habitantes solo 168 estacionamientos.
Considerando la
estructura del Edificio Vértice y los promedios de ocupación en la Región
Metropolitana tras el Censo 2024, se estimaba que en el edificio podrían vivir,
aproximadamente, entre 850 y 1.100 personas. De ahí, otro dato que aporta
Adrián Torres: En la población hay aproximadamente 700 casas y una población
aproximada de 2.100 personas, en un terreno de 288.000 mts2. En el edificio
Vértice podrían llegar a vivir 2085 personas en un terreno de solo 3.758 mts2.
Por otra parte,
hay que preguntarse: ¿cuáles son las consecuencias de instalar en las alturas a
esta cantidad de nuevos residentes que seguramente no tienen ningún vínculo con
el vecindario?
Como un
"monstruo" definen los vecinos el edificio construido en este sector
de Fermín Vivaceta con José Bisquert. Es cierto, el edificio constituye una
agresión, una provocación que causa el descontento, porque la calidad de vida
ya se siente dañada y la invasión ha alterado drásticamente la tranquilidad del
barrio.
Partiendo con el
estacionamiento ilegal de vehículos en las veredas frente a sus casas, los
problemas con el agua, el alcantarillado, las calles atestadas, el nivel de
ruido, la saturación de los servicios, los colegios y el evidente aumento de la
delincuencia. Esta última se ha incrementado en toda la comuna sin que haya
solución a la vista dada la inacción de las autoridades municipales.
Los asaltos, la
prostitución, la venta de drogas, la ocupación ilegal de departamentos en los
que se esconden las armas del narcotráfico, las discotecas clandestinas, los
secuestros, las balaceras y los muertos por peleas entre pandillas, todo hace
inevitable la sensación de inseguridad y el impacto negativo de los edificios
sobre los residentes de la zona. Incluso en las cuestiones más básicas como la
privacidad hay quejas de los vecinos pues muchas de sus casas, muchos patios
quedan expuestos al espionaje molesto de los habitantes de la mega
construcción.
¿Cómo llegamos
hasta aquí? Sin duda podemos enumerar diversos factores, pero nos vamos a
concentrar en los más pertinentes. Se sabe que las alcaldías pueden fijar, a
través de los permisos de obras municipales, qué se construye y qué no. También
sabemos que hay una tendencia a modificar el marco regulatorio en pro de las
empresas inmobiliarias o hacer la vista gorda con las acciones ilegales de los
que participan en el desarrollo urbano de Santiago.
En los “acuerdos”
participan las empresas, la dirección de obras municipalidades (DOM), y los
alcaldes. La participación ciudadana, la información que se provee a los
vecinos de zonas que serán afectadas por estas constructoras es casi nula. De
ahí a que las acciones organizadas de resistencia tienen pocas posibilidades de
triunfar cuando las grandes empresas trabajan en coordinación con esos socios
ocultos que aprueban proyectos sin demasiada fiscalización.
Las
investigaciones de la Fundación Defendamos la Ciudad realizadas por Patricio
Herman y su equipo, han comprobado que la permeabilidad del sistema de vivienda
y urbanismo al soborno para obtener permisos de construcción irregulares es
evidente. Según Herman “la alianza público-privada de actores privados que se
coluden con funcionarios públicos que tienen cargos de responsabilidad en el
otorgamiento de permisos para cometer fechorías”. Eso se llama corrupción.
En el caso de
Vivaceta Norte Sur, los permisos se aprobaron antes de que saliera el plan
regulador comunal del alcalde Gonzalo Durán; otros, cuando el plan estaba
aprobado, entre ellos el edificio Vértice.
Patrimonio
La historia de
este espacio urbano y sus lugares de memoria, hace que la comunidad que lo
habita posea una fuerte inclinación a que se respeten lo que ellos consideran
su legado patrimonial. Si no pudieron detener la construcción del edificio y
todavía esperan la declaratoria de Zona típica, han agregado a su lucha otro
lugar de resistencia.
En Independencia,
en la primera mitad del siglo XX había cuatro grandes teatros-cines: el
Capitol, hoy una fábrica de hielo; el Nacional, demolido para construir torres;
el Valencia en Plaza Chacabuco, hoy un templo evangélico. El ex teatro Libertad
llegó a instalarse en la avenida Vivaceta en 1951 fruto de los esfuerzos de
Daniel Barrios Varela, entonces gerente de Compañía de Seguros La Previsión. Se
construyó, entonces, un teatro-cine con todo el moderno equipamiento
tecnológico, que contó con la colaboración de la empresa Phillips en medio de
este popular barrio. El teatro se convirtió en un éxito rotundo: por años,
acogió masivas audiencias y fue una importante fuente de entretención y
sociabilidad vecinal.
Pero como
escribían Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: “todo lo sólido se
desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado”. Con esto, Marx se refiere
a la naturaleza siempre cambiante que el capitalismo nos impone: un ciclo de
destrucción que produce ganancias reemplazando lo viejo por lo nuevo. La
modernidad capitalista es la transformación constante, el cambio, y también el
caos y la desintegración.
En este momento,
“el Teatro Libertad se ve amenazado por las presiones de inmobiliarias. Siendo
de propiedad privada y convertido en una bodega de materiales de construcción
la posibilidad de su destrucción está abierta”, indica el profesor Ulises
Cárcamo. Y predice la que, dada la actividad de resistencia de las
organizaciones vecinales, el teatro, vía Monumentos Nacionales, puede “ser
recuperado y revivido como espacio de cultura, ocio y organización social en un
barrio que carece de equipamiento cultural.”
Hay que añadir,
finalmente, que esa es la batalla que libra en estos momentos la organización
“Zona Típica Población Vivaceta Norte Sur”, larga batalla que merece todo
nuestro apoyo y solidaridad.
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