ENTRE INDICADORES Y MEMORIAS:
Independencia y las tensiones de una comuna en transformación.jpg)
No se trata de un hecho menor,
considerando que, en la encuesta de 2016 de la ICVU, Independencia aparecía
como una de las peores comunas para vivir en Santiago. De las 93 comunas
evaluadas a nivel nacional, ocupaba el lugar 84. Ahora, en un escenario nacional
marcado por una fuerte estabilidad de las desigualdades urbanas —donde la
mayoría de las comunas permanece estancada en su posición durante una década—
Independencia aparece entre el reducido grupo de comunas metropolitanas que
logran avanzar en el índice.
El informe atribuye esta mejora
principalmente a factores como conectividad, condiciones laborales y variables
socioculturales. Y, efectivamente, basta observar la evolución reciente de la
comuna para comprender una parte importante de ese fenómeno. Independencia se
habría transformado en uno de los territorios más dinámicos del Santiago
pericentral: posee una ubicación estratégica, excelente conectividad
metropolitana, acceso a servicios, cercanía al centro histórico,
infraestructura hospitalaria, equipamientos urbanos, y creciente integración al
sistema de movilidad de la ciudad.
Desde la lógica de los
indicadores urbanos, todo ello representa progreso. Pero precisamente ahí
comienza una discusión más compleja, porque durante el mismo período en que
Independencia mejora en el informe ICVU, numerosos sectores de la comuna han
experimentado profundas transformaciones urbanas asociadas a la densificación
acelerada, la verticalización del entorno y la creciente presión inmobiliaria.
En distintos barrios aparecen tensiones relacionadas con: pérdida de escalas
barriales, saturación de servicios, deterioro de la experiencia cotidiana del
espacio público, disminución de áreas de respiro urbano, aumento de tráfico y
ruido, y debilitamiento progresivo de formas históricas de vida comunitaria.
Esta aparente contradicción no
es casual. Responde a un fenómeno urbano cada vez más visible en ciudades
latinoamericanas contemporáneas: los territorios pueden mejorar funcionalmente
mientras aumentan simultáneamente las tensiones sobre el habitar cotidiano.
El caso de Independencia resulta
especialmente ilustrativo porque expresa de manera muy clara las paradojas de
la transformación metropolitana reciente.
Por una parte, la comuna gana
centralidad urbana y mejora sus indicadores relativos. Por otra, comienzan a
emerger nuevas formas de malestar urbano menos visibles para los sistemas
tradicionales de medición.
El propio ICVU permite observar
parcialmente esta tensión, especialmente en la dimensión de salud y
medioambiente.
Formalmente, Independencia se
mantiene estable en esta área durante la década. El índice considera variables
como cobertura de salud primaria, control de enfermedades crónicas, emisiones
contaminantes y acceso a servicios sanitarios. Desde esa perspectiva, la comuna
presenta ventajas estructurales importantes gracias a su consolidación urbana y
su histórica infraestructura hospitalaria.
Sin embargo, el problema es que
las nuevas formas de deterioro ambiental no siempre quedan reflejadas en esos
indicadores.
Hoy la salud urbana no depende
únicamente de cobertura sanitaria o contaminación atmosférica general. También
está relacionada con la experiencia cotidiana del entorno: ventilación urbana,
sensación de hacinamiento, acceso efectivo a espacios públicos, calidad
acústica, estrés territorial, percepción de seguridad, posibilidad de encuentro
vecinal, y continuidad de redes comunitarias.
Y es precisamente allí donde
muchas comunas densificadas comienzan a experimentar tensiones crecientes.
Independencia representa hoy una
comuna en transición. Ya no corresponde completamente al antiguo imaginario
periférico de vulnerabilidad urbana, pero tampoco alcanza los niveles de
bienestar consolidados de las comunas de altos ingresos del sector oriente. Se
ubica, más bien, en una zona intermedia donde convergen: valorización
inmobiliaria, integración metropolitana, crecimiento urbano, y conflictos sobre
calidad de vida y habitabilidad.
En ese contexto, el patrimonio y
la memoria barrial comienzan a adquirir una importancia creciente. No
únicamente como conservación arquitectónica, sino como mecanismos comunitarios
de defensa frente a transformaciones percibidas como excesivamente rápidas o
desarticuladas de la vida cotidiana de los barrios.
La discusión de fondo, entonces,
no consiste en negar los avances urbanos de Independencia. La comuna
efectivamente ha mejorado en diversas dimensiones objetivas. El desafío es
otro: comprender que el desarrollo urbano no puede evaluarse exclusivamente mediante
indicadores funcionales.
Un aspecto que también desafía
las formas tradicionales de medición de la calidad de vida urbana es la
percepción de seguridad. Durante los últimos años, Independencia ha enfrentado
episodios de alta connotación pública asociados al narcotráfico, la violencia
organizada y otras formas de criminalidad que han afectado diversos sectores de
la comuna. Más allá de las estadísticas, estos fenómenos generan efectos
directos sobre la vida cotidiana de las personas, condicionando el uso del
espacio público, la convivencia vecinal y la sensación de bienestar en los
barrios.
Aunque el ICVU incorpora
variables relacionadas con seguridad en algunas de sus dimensiones, resulta
difícil capturar plenamente el impacto que estos procesos tienen sobre las
comunidades locales. La presencia de actividades ilícitas, el apreciable deterioro
de ciertos espacios urbanos y la percepción de pérdida de control sobre el
entorno pueden afectar profundamente la confianza entre vecinos y el sentido de
pertenencia territorial. Como ocurre con el patrimonio o la identidad barrial,
se trata de dimensiones que influyen decisivamente en la calidad de vida, aun
cuando no siempre sean visibles en los indicadores tradicionales.
Por esto, una comuna puede ganar
conectividad y perder arraigo. Puede mejorar infraestructura y debilitar
vínculos comunitarios. Puede integrarse exitosamente a la lógica metropolitana
mientras disminuye la experiencia cotidiana de bienestar barrial.
Quizás ahí radique uno de los
principales desafíos urbanos de la próxima década: lograr que las ciudades y
sus comunas no solo funcionen mejor, sino que también sigan siendo espacios
adecuados, seguros, reconocibles y significativos para quienes las habitan
diariamente.
Categoría. Columna de Opinión
Columna de opinión publicada en Le Monde Diplomatique del académico de la Escuela de Medicina, Adrián Torres Canales y el escritor José Leandro Urbina Soto.
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